El humus de lombriz se produce a nivel local lo que permite enriquecer los suelos sin gastos en la transportación. Autor: Xinhua Publicado: 01/10/2026 | 12:13 pm
Haber logrado sostener rendimientos razonables con prácticamente cero fertilizantes para la producción agrícola, constituye uno de los impactos más relevantes del programa de bioproductos en Cuba.
De acuerdo con Dagoberto Rodríguez Lozano, director de Suelos y Fertilizantes del Ministerio de la Agricultura, “si no hubiera existido un desarrollo de los bioproductos desde la década del 80, después un escalado industrial y luego, la concepción de la producción local con la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Ley SSAN, aprobada en 2022), no se sabe qué hubiera pasado con los rendimientos agrícolas”.
A diferencia de los plaguicidas, explicó, que se pueden traer en pequeños formatos en vuelos hacia Cuba; los fertilizantes necesitan una logística de barcos y eso no ha sido posible en los últimos cinco o seis años.
Toda una historia
Para llegar al momento actual y lo que vendrá en cuanto el país esté en condiciones de retomar las grandes plantas, se ha recorrido un largo camino.
“El desarrollo de los bioinsumos en Cuba data desde la década de los años 80 del pasado siglo, cuando aún contábamos con altos niveles de fertilizantes y plaguicidas. Ya desde ese momento se pensaba, a partir de indicaciones del Comandante en Jefe, de ir fomentando los bioinsumos, visto en dos contextos: uno, sustituir importaciones al país y otro, disminuir el impacto ambiental por el exceso de químicos y de fertilizantes”, declaró en exclusiva el directivo.
Posteriormente, en el período especial, se le dio un primer impulso, ante la necesidad de recurrir a los bioinsumos en sustitución efectiva de importaciones de fertilizantes y plaguicidas. “En ese momento, a partir de las investigaciones que se habían hecho en la década de los 80, e incluso antes, se logró hacer inversiones para el escalado productivo de los bioproductos y en casi todo el país se construyeron plantas con un nivel tecnológico y un volumen alto de producción, en el grupo Labiofam y el hoy grupo Azcuba”.
“En un año, llegamos a producir cinco millones de litros de bioproductos, que fueron usados en la agricultura a gran escala”, señaló y mencionó que tras el período especial, cuando se empezaron a recibir nuevamente algunos niveles de fertilizantes y plaguicidas, se pasó a un concepto más definido en política: combinar el uso de fertilizantes y de bioinsumos. “Eso trajo consigo crecimientos en los rendimientos por hectárea en diferentes cultivos, entre estos el arroz, que hasta el año 2018 logró alcanzar entre cinco y seis toneladas y en determinados lugares, mucho más”.
En esa etapa, en los granos, por ejemplo, se sustituyó parte del nitrógeno con bioproductos específicos como el Rhizobium, en tanto, en la caña de azúcar se empleaba el Fitomas, obteniéndose un incremento de los rendimientos con niveles mínimos de fertilización químicos.
Después de 2018 se inició una nueva etapa, mediada por el recrudecimiento del bloqueo y luego, la pandemia de Covid-19. “Disminuyó drásticamente la entrada y uso de fertilizantes químicos en Cuba. Si en el 2017-2018 llegamos a aplicar en Cuba unas 350 000 toneladas de fertilizantes químicos, con un índice de fertilización de 90 kilogramos por hectárea en arroz, frijoles, maíz y en viandas como el plátano, ya en el 2019 fue cero”, señaló el director de Suelos y Fertilizantes del Minag.
Y llegó la ley SSAN
La aprobación en 2022 de la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional (SSAN) introdujo un cambio conceptual de la producción y uso de bioproductos, ante la disminución de la capacidad de producción de las plantas, que dependían de insumos de importación y sobre todo de la generación continua de energía eléctrica.
“Hubo que replantearse totalmente la estrategia sobre la base de la Ley SSAN, y nos centramos entonces en estimular las producciones locales de bioinsumos. Y es en el momento en que estamos”, apuntó.
Para los biofertilizantes se ha desarrollado un programa de producciones locales: pequeños centros de producción de humus de lombriz y humus líquido, que se preparan sin depender tanto de la energía eléctrica.
“En los últimos tres años, prácticamente desde cero, aunque ya existían algunos, se han creado más de 600 infraestructuras en todo el país, cuadriplicándose las producciones de humus de lombriz, sobre una base muy sostenible, porque no depende de la energía eléctrica, sino que son construcciones semirústicas, cerca del consumo, lo cual ha tenido un impacto positivo en la producción”.
Un camino similar han transitado los bioplaguicidas. “Además de algunos Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE), que han cambiado su concepción hacia productos que no dependan de un flujo continuo de energía, también se desarrollaron las producciones locales, donde los productores están generando bioproductos a partir de extractos de soluciones de plantas nativas, capaces de controlar plagas y enfermedades de manera local”.
Así las cosas, el país pasó de 500 000 litros en 2023 a cuatro millones en 2025, una cifra que se acerca al “récord productivo en litros de los que logramos allá en los años donde teníamos las grandes plantas”, hoy prácticamente paralizadas.
Democratizar los bioproductos
La estrategia de la dirección del programa nacional ha sido a transferir todo lo que sea transferible en temas de tecnología al productor directo. “Hacia ahí se han transferido, por ejemplo, la producción de microorganismos eficientes, que se hace local, en una finca; las de humus líquido y humus líquido mejorado, al que se le aplican algunos niveles de estimulantes y de plaguicidas juntos”, dijo.
Aunque su uso no es tan masivo como se quisiera, esa alternativa ha ido calando en los productores, dada “por la necesidad de que toda esa producción se vaya concretando ahí, en el nivel local”.
Al respecto, Rodríguez Lozano consideró como lo más importante “la transmisión horizontal de ese conocimiento”.
No obstante, reiteró que no se renuncia a que “en el momento que tengamos las posibilidades económicas, volver a recuperar las producciones de las grandes plantas industriales, con un producto de más calidad, que también que puede incluso ser fuente de exportaciones”.
Decisiones sabias
“Desde la dirección del programa nacional y los intercambios con los productores, consideramos que gracias a las decisiones que tomó el país y la propia implementación de la Ley de SSAN, donde todo eso se descentralizó hacia las producciones locales, el país ha podido resistir y también lograr rendimientos importantes”, destacó.
Por otra parte, opinó Rodríguez Lozano, también ha permitido “crear las bases para si un día de nuevo hay capacidades de adquisición de fertilizantes -porque no es que los bioproductos van a resolver totalmente los rendimientos, siempre habrá que utilizar niveles de fertilizantes para tener altos rendimientos por hectárea-, sí podremos hacer ahorros significativos de fertilizantes, aun cuando haya posibilidades económicas para adquirir fertilizantes”.
A juicio del también jefe del Programa Nacional de Bioinsumos, hoy, con las nuevas medidas que se han aprobado, donde muchas facultades y capacidades de compra en cualquier moneda se ha descentralizado hacia los productores y las bases productivas, “pensamos que esto va a hacer es fortalecer el programa, porque en la medida que se pueda vincular el uso de los bioproductos al de fertilizante y que ello traiga consigo ahorro económico a los productores, les va a resultar beneficioso a sus producciones, a su negocio agrícola”.
Con eso, consideró, “gana también el país, porque hay menos impacto ambiental, productos más limpios, en resumen, gana la sociedad”.

¿Qué son los bioproductos?
Resultan materiales, sustancias químicas o compuestos que se obtienen a partir de recursos biológicos renovables, como residuos agrícolas, biomasa forestal, microalgas o cultivos industriales.
Microorganismos eficientes:
Están compuestos por bacterias fotosintéticas o fototrópicas, bacterias ácido lácticas y levaduras. Realizan diversas funciones que benefician la salud del suelo y las plantas, como la fijación de nitrógeno, la descomposición de materia orgánica, la solubilización de nutrientes, el control biológico de plagas y enfermedades, y la mejora de la estructura del suelo.








